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por SpctrSSpctrS +1 -1 Publicado: Mar 15 19
Nemes llevaba cerca de cinco días espiando a la mujer que ahora paseaba
por el centro comercial, tenía todos los datos de ella y sabía cuales eran sus
rutinas; la primera vez que la vio fue en el metro, llevaba con ella lo que
Nemes quería y no lo pensó dos veces cuando la mujer abandonó el vagón
del tren. Nemes salió detrás de ella y no la perdió de vista, por varios
pasillos la mujer avanzó sin sospechar que la seguían. Abordó otro de los
trenes, uno que se dirigía hacía el sur de la ciudad. Cuando ella entró y más
tarde volvió a descender en la última estación, se encaminó por los pasillos
del paradero de autobuses y abordó uno Nemes seguía detrás.

El paso de la mujer era lento pues de la mano iba una pequeña niña que a
cada paso se divertía con cada letrero u objeto que se encontraban en el
camino. Platicaban cosas pero él no se iba a arriesgar acercándose así que
se limitó a seguirlas desde la lejanía, lo más cerca que estuvo de la mujer
fue al abordar el autobús y sentarse justo detrás de ella, su aromática
fragancia inundó al instante el ambiente y Nemes se satisfizo con la
agradable fragancia.

Por fin Nemes vio su oportunidad y dando vuelta en uno de los pasillo
chocó contra el carrito de la mujer, inmediatamente se disculpó y con suma
agilidad fue llevando la disculpa a una leve conversación que se comenzó a
prolongar, la visita al centro comercial de Rose terminó con una cita,
acababa de conocer en los pasillos a un simpático y guapo hombre llamado
Nemes, el después de una corta platica le comentó que era soltero y
empresario, le agradó al instante y ambos quedaron en encontrarse en
próximos día en un restaurante de lujo cerca de la casa de Rose. Por
supuesto que Nemes le había dado su teléfono por si algo pasaba y no
podía acudir.

Rose es una mujer de 40 años, trabaja en una oficina de recepcionista y
como es bilingüe su sueldo es superior al de sus compañeras; su cara
agradable ha sido por supuesto motivo de muchos halagos en la oficina y
en varias ocasiones su jefe a tratado de invitarla a salir sabiendo que es
divorciada ya desde hace dos años. Rose nunca había sido de las chicas
fáciles y le costaba trabajo entablar una relación con sus compañeros de
trabajo pues los conocía muy bien y sabía que solo la buscaban para tener
sexo y hasta allí. Por el contrario a veces salía con desconocidos que la
abordaban teniendo en cuenta el anonimato, se acostaba con ellos y
después desaparecía ella o ellos sin dejar rastro, ese era el plan con Nemes
y nada más.
La cita ese día fue de lo más normal, Nemes se comportaba como todo un
caballero y era además muy cultivado ya que con él se podía platicar de cualquier cosa, para su gran sorpresa cuando Nemes la llevó a su casa ni
siquiera se mencionó la palabra sexo, esto desconcertó un poco a Rose pero
lo aceptó como un rasgo de Nemes.

Así las cosas Nemes se fue metiendo poco a poco en su vida, ya habían
salido varias veces y esta, la sexta, Rose estaba que ya no aguantaba la
calentura por el hombre, se le insinuó casi descaradamente y el siempre se
mantuvo firmes, no cedió. Fue hasta después de cinco meses que Rose y
Nemes tuvieron su primer encuentro sexual, algo que Rose había calificado
como extraordinario.

A partir de entonces se comenzaron a ver con más frecuencia y uno de esos
día y pare evitar los gastos generados por el hotel y restaurantes Rose le
ofreció a Nemes su casa, la primera vez que el entró se dio cuenta de que
ella vivía con comodidad y con buen gusto, al entrar ella le presentó a
Ivagna, su hija, una hermosa criatura de siete añitos, su piel blanca y
cabello castaño, carita redonda y ojos vivaces, su cuerpo delgadito; la niña
era alegre y siempre estaba bromeando con ellos, cuando ella se fue a
dormir a su cuarto ellos terminaron en la planta baja haciendo el amor en el
sofá.

Poco a poco Nemes se fue haciendo una presencia casi familiar pues a toda
hora podía quedarse en casa de Rose, a veces se quedaba a dormir. Fue una
mañana de domingo que el se encontraba dormido en la cama de Rose
cuando escuchó que ella se levantaba. “Voy al súper, sigue durmiendo, les
voy a preparar algo rico.” Rose salió.

Nemes esperó unos minutos y después se puso de pie, salió de la habitación
de Rose y se encaminó por el pasillo, giro la perilla de este otro cuarto y
entró, allí recostada sobre su cama se encontraba Ivagna, tapada con las
cobijas. Ivagna se incorporó al escuchar que su puerta se abría y vio entrar
a Nemes.

– ¿Cómo estas preciosa? – preguntó el.
– Bien... ¿Y mamá?
– Salió al súper... nos va a preparar algo rico.
– ¿Por qué no nos despertó?
– Me pidió que te enseñara unas cosas...

Sin decir más Nemes se acercó a la cama de la niña y le retiró las cobijas,
ella solo estaba cubierta por un fino camisón de suave tela. Las manos de él
se pasearon por sus bracitos, su piel era muy suave. Ivagna sintió enseguida
un escalofrió y se quiso separar de Nemes pero este se lo impidió. Sus
vivaces manos le comenzaron a recorrer todo el cuerpecito lentamente.

– ¡Que rica estas nena! ¿Sabes? Yo estoy aquí no por tu mami... estoy
aquí para hacerte feliz a ti.

La niña no entendió las palabras de Nemes pero sentía miedo viéndolo ahí
y acariciándola de esa manera. Nemes levantó el camisón de la niña y pudo
apreciar las bragas de color blanco que ella traía, siguió y por fin la prenda
salió por la cabecita de ella, sus pequeñas tetillas estaban ahora a su vista.
Nemes colocó los dedos sobre los pezoncitos y los acarició.

– ¡Veras que bien te la vas a pasar hermosa!

Nemes se agachó y mamó las tetillas de la niña, luego pasó a su carita y
depositó un beso sobre los labios de la niña, la hizo levantarse más y metió
su lengua dentro de la boca de la asustada niña, la movió buscando que ella
respondiera a sus caricias pero la niña estaba como ida.

– Tienes que mover tu lengua junto con la mía... ¡veras que te gusta!

Nuevamente besó a la chiquilla y ella lentamente fue respondiendo el beso.
Las manos de Nemes se paseaban ahora por la espalda y le acariciaban la
larga cabellera, luego fue bajando y metió los dedos entre su piel y las
bragas, casi al instante ella sintió como sus nalgas eran apretujadas con
suavidad por el amigo de su mami. Nemes se separó de la niña después de
varios minutos.

– No tenemos mucho tiempo... hay que apurarnos.

Nemes se puso de pie y se bajó el pantalón de la pijama mostrándole a la
niña un duro palo de carne con una cabeza púrpura que se balanceaba
mientras el se movía. Le acercó la gruesa barra hasta su carita y luego la
apuntó hacia su boquita.

– Chúpala nena... es como si fuera un dulce... vamos...

Nemes empujó la cabeza de la niña contra la gruesa cabeza y sus labios
cerrados se encontraron con la caliente carne de él. “Abre” le pidió y
tímidamente la niña fue abriendo su boquita, poco a poco sintió como la
gruesa y caliente daga la iba invadiendo. Pronto sintió que casi se asfixiaba
pues esa gruesa tranca ya le había llegado hasta la garganta, sintió unas
arcadas y trató de sacársela pero Nemes la detenía sujetándola por la
cabeza.

– No te la saques... ya te acostumbraras...

Nemes entonces se comenzó a mover de adelante para atrás, la niña sentía
como la piel de esa barra se movía en su boquita, así estuvieron cerca de
diez minutos y entonces algo caliente y espeso le golpeó la garganta,
comenzó a toser pero Nemes no le sacaba su cosa, al contrario se seguía
moviendo más rápido.

– Así preciosa... ¡que bien lo haces! ¡que rico!

Algunos gemidos se escapaban de su garganta y no paraba de moverse.
Ivagna tuvo entonces que tragar todo ese líquido caliente que sintió de
fuerte sabor y que le arañaba la garganta mientras se lo iba tragando.
Por fin Nemes le sacó la gruesa barra de caliente carne y la niña se sintió
más reconfortada, de su boquita escurría un hilillo de líquido blanco que se
alargo en una espesa tira y luego cayó sobre sus piernitas. Nemes entonces
la sujetó por la cintura y la alzó de la cama, la giró y volvió a colocarla
pero esta vez la hizo ponerse en cuatro patas la niña quedó con su culito en
pompa y entonces Nemes le bajó las bragas. Su boca se pegó al ano de la
niña y su lengua se comenzó a introducir dentro del apretado agujerito,
luego de un rato uno de los dedos de Nemes comenzó a invadir la intimidad
trasera de la niña, con la otra mano Nemes se meneaba la dura tranca que
aun no perdía su dureza. La niña sintió un poco de dolor cuando el dedo la
penetro totalmente, ahora se movía rápidamente entrando y saliendo de su
anito y la niña comenzaba a sentir una extraña sensación un poco
agradable, la lengua de Nemes paso de su ano a su vagina y la estuvo
chupando por largos minutos, la niña la sentía inundada de la saliva de él.
Pasados unos minutos ella sentía que se iba a orinar.

– Creo que voy a hacer pis.- le dijo.
– Hazlo – dijo Nemes – Hazte pipi en mí.

La pequeña no podía contenerse más y aflojó su cuerpecito, pero lo que
sintió no fue pis sino algo mucho más placentero, era algo que nunca había
experimentado. Pero que le gustó un poco. Ivagna no se movió ni delató
que se estaba viniendo pero Nemes lo notó en la humedad de su vagina.

– Estás sintiendo rico ¿Verdad?... bien chiquita, te esta gustando...

La lengua y el dedo de Nemes se movieron con más velocidad dentro de la
concha y el ano de la niña y esta sintió que la sensación agradable se volvía
más intensa. Por fin sin poder aguantar más soltó un leve gemidito. Pero
justo en ese instante se escucho que alguien estaba abriendo la puerta de la
casa.

Nemes paró y se puso de pie, entonces se volvió a colocar rápidamente el
pantalón de su pijama y le dijo a la niña:

– Lo que acabamos de hacer no lo debe saber nadie ¿entendiste?
La niña lo vio un poco extrañada e intento añadir.
– Pero tú me dijiste que mam....
– Nada... a nadie se lo debes de contar ¿está claro?

Entonces la niña asintió moviendo su cabecita y Nemes salió rápidamente
para la habitación de Rose. Cuando ella entró lo encontró durmiendo aún
placidamente.
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Blackgokuforever